Creer en la verdad

eros-y-psiqueLa razón nos ilumina y nos conduce a través de la falsedad de argumentos que no son más que míseras falacias.

Creo en la razón, creo en la verdad. Una frase que denota la misma cantidad de ignorancia que de astucia lingüística.
Nos inventamos palabras para definir conceptos que nos rondan por la cabeza, ideas que no son venidas del más allá, de dios o de la imaginación, vienen de la necesidad de autoengañarse, de pensar que esas palabras, con su contenido y su continente, se hallan en nosotros, pero ¿es eso cierto? Sí, de qué otro lugar podrían proceder que de nuestra propia mente. Ahora bien, por qué surgen esos conceptos es ya una reflexión más espinosa.

Pensemos en la razón. Ella es nuestra máxima, la bandera por la que protegemos nuestras ideas en discusiones que cumplen la norma del círculo vicioso. ¿Qué es la razón? ¿Ser dueño de la verdad? ¿O el procedimiento por el que se llega hasta a ella? Pero ¿no es el camino hacia la verdad el mismo sendero por el que tropieza la sinrazón?
Tener o no tener, es esa la inquietud que mueve nuestras argucias verbales.
Cuán de sublime es el ser humano que debe crear conceptos que resultan obvios, perfectos, de moralidad intachable que dispuestos en un trozo de papel consiguen penetrar en el lector. Pero al final, esas palabras son solo deseos.
Es el ser humano un animal de apariencias y qué mejor que aparentar ser lo que debiera. Donde dije digo digo Diego. Y así el autocompletar de nuestros deseos crea definiciones que jamás pondrá en práctica.

No es lo mismo la razón que describieron los múltiples filósofos y/o los lingüistas que la razón que realmente reina en nuestro interior. Teoría y práctica, mundo y ser humano.
Si la razón tal cual la estudiamos y describimos es realmente la que usamos todo aquel que está leyendo este deslenguado ensayo se habría dado cuenta que el título del presente no tiene sentido y aquí se acabarían mis palabras. Desgraciadamente, el espectáculo debe continuar.

La verdad es un cúmulo de hechos, sensaciones, pensamientos, palabras que no pueden ser refutadas y sin embargo nosotros abrimos el pozo de alimentos para escupir palabras que designan creencias: yo creo. No podemos creer o no creer en la verdad, participemos de la riqueza del lenguaje: yo acepto. La creencia se basa en nuestras opiniones, forjadas en nuestra pequeña biblioteca de pensamientos que engendramos con el paso del tiempo, pero creer no tiene el respaldo de la verdad, solo es eso, una creencia. Pero por muy inverosímil que parezca en el interior de nuestros pensamientos la verdad siempre descansa en un peldaño inferior.
Se puede discutir sobre la verdad de un hecho, de una opinión, pero no de la verdad misma, del concepto, pues en ella no cabe la duda.

Seguiremos creyendo en la verdad y prefiriendo la creencia pues la razón que mueve el viento de ahí fuera nunca moverá nuestras preciadas mentes.

Es la razón de nuestra especie un lecho donde la apariencia decora su cuerpo y la creencia pinta sus labios.

Anabel Gil Cabrera