La espera no dejará de ser

Esperas caminando; bajo un sol que permanece quieto a la vez que espera ser visto en el vacío cósmico.
Piensas, meditas. Un almendro deja caer sus suaves y delicadas hojas sobre tus hombros, pero tú ya te has ido. Ya no estás en el mismo punto pero sigues aquí: esperando.
Almendro-en-florLa vida te acecha; saca el reloj de bolsillo del fondo de su chaqueta impermeable y las agujas se mueven a tu ritmo, pero tú no ves lo recorrido, solo esperas a que la alarma suene otra vez.
Cabalgas el instante. La espera atracará en el puerto que tu imaginación creó la primera vez que escuchó que existía algo llamado fe. Y sigues esperando, quizá mañana, quizá fue ayer pero tú ya te habías ido.
Las chimeneas dirigen el humo hacia donde tú buscas el fin de lo esperado. Sí, esperar… porque nunca dejarás de hacerlo; solo cuando ‘nunca’ se convierta en ‘siempre’; cuando la vida deje caer las horas, los segundos, la inestabilidad delante de tus ojos y te tires al suelo para evitar la caída del tiempo… pero este se habrá ido.
Y apagas la vela con tus dedos porque te sientes poderoso, porque te has cansado de mirar y no moverte. Lástima que las lágrimas nunca esperen la aprobación de tus ojos. Y tus dedos se mueven mientras otro te contempla desde la lejanía; se acaba de secar las manos y su espera ya no es por ti.
Quizás tus pies aguardan desplazarse hacia una dirección incierta. Y como un iluso esperarás que el hotel que solo abre a las cinco, te dé la bienvenida a las cuatro.
Y así es como el olvido espera ser recordado y el silencio, que el grito acalle su voz.

Vivir no es ser o estar, es esperar. Y porque morir no es dejar de ser o estar, es dejar de esperar.

Anabel Gil Cabrera

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